primeros 50 minutos con una niña que sufre

He atendido recientemente a una niña de ocho años que está sufriendo, a esa temprana edad, la tremenda situación de tener miedo de su padre, de no querer estar con él. Tan pequeña y ya tiene que recolocar en la trama de su apenas empezada vida, una de sus figuras claves, la del padre. -¿Cómo asumir en la infancia, que debe ser un territorio de seguridades  emocionales, que quien está para protegerte, acompañarte y quererte, te haga daño?-.
Respondiendo a mis preguntas y comentarios, a veces con el silencio activo de quien está escuchando con detenimiento -midiendo cada una de mis palabras, gestos y miradas-, otras con el llanto apenas contenido (lágrimas que brotaban y corrían involuntariamente por sus mejillas, nacidas del profundo nudo emocional de sufrimiento,incomprensión,soledad) y otras, con una mirada tan profunda, atenta y madura que por momentos me hizo sentir, que el adulto era ella y el niño yo. 50 minutos de entrevista, vividos segundo a segundo, con cuidado, contención, comprensión, respeto, escucha. 50 minutos para intentar generar confianza, peleando con mis propias resistencias, y finalmente, 50 minutos con un sentimiento de responsabilidad permanente de estar a la altura (profesional y personal) del sufrimiento de la niña que me está mirando.