Deprisa, deprisa

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Viven deprisa, a la velocidad de una vida sin infancia ni adolescencia, precoz en desengaños y abandonos, en desilusiones y pérdidas.Su espacio vital y afectivo raras veces va más allá de las calles que delimitan su barrio (El patio al sol, la esquina del trapicheo, el bar, el parque del botellón, la tienda que fía, el solar abandonado, las vías del tren al sur y el polígono comercial al este) y los colegas de siempre.
La vida corre veloz en este barrio periférico y en su loca carrera se lleva por delante ilusiones y afectos, proyectos y deseos. No hay tiempo para pensar (deprisa, deprisa),y a los 14 años puedes tener ya un pasado que, a modo de agujero negro, succione y atrape todo lo que intente salirse de su órbita. Por eso, para este año me he propuesto dar un salto cuántico (que me permita navegar por los alrededores de esos agujeros negros), y, como los relojes de Dali, ablandar el tiempo, modelarlo, pararlo, detenerlo aunque sea un momento, lo suficiente para escuchar, acompañar,iniciar proyectos, revisar,rehacer, vincular, en definitiva, recuperar el tiempo, hacerlo nuestro.Tengo la impresión de que esos niñoadultos que van a la velocidad de la luz necesitan descansos, ralentizar la nave en la que viajan, parámetros mas humanos y comprensivos, espacios para volcar la adrenalina del viaje, y personas e instituciones en las que confiar.

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