LA PALABRA

Desde hace años atiendo a una mujer que me parece un ejemplo de dignidad y coraje. Asediada por múltiples problemas de todo tipo, (económicos, de vivienda, de salud), con varios hijos en prisión y alguno de ellos, con problemas derivados del consumo de tóxicos, cuida además, de un nieto de poca edad. Ha peleado todas y cada una de las sentencias condenatorias de sus hijos, cada uno de sus permisos,y cada una de las recaídas. Ha visitado todas las instituciones imaginables (políticas, sociales, penitenciarías) y se ha entrevistado con decenas de profesionales de los diferentes ámbitos administrativos. Es pura vitalidad y lucha y dice que sólo me visita cuando la desbordan las preocupaciones. Ayer vino a verme y me dijo dos cosas que me impresionaron/emocionaron y que por eso quiero compartir. La primera «los hijos nunca tienen edad para una madre» dando a entender que el respeto debido a una madre no debe perderse así tengas treinta, cuarenta o cincuenta años y la segunda «les he dicho a mis hijos que hay que usar adecuadamente las palabras, que estén donde estén, si no entienden una, vayan corriendo al diccionario: las palabras son la vida». Y es que ella sabe muy bien el alcance, valor, peso, significado, sentido y trascendencia de palabras como libertad, soledad, cárcel, desesperación, hambre, enfermedad, droga, escucha, justicia, palabras que forman parte de su cotidianidad, de su micro universo semántico, de sus conversaciones y preocupaciones.
A mi me asombra que una mujer con tantos problemas, sin estudios y con una vida muy alejada de los ámbitos de formación enarbole la palabra como bandera. Esto sí que es poesía, un ejemplo de ética y estética. Es un privilegio atender y escuchar a personas como ésta que, al menos a mi, me hacen preguntarme y reflexionar por la posición que como profesionales debemos adoptar y por los estilos de relación que cocreamos: se puede aprender tanto de las personas que atendemos si nos relajamos y escuchamos, sin dirigir sus vidas, respetando sus acciones, conversando.

Nanotécnicas

122401

Parece que la comprensión del universo no está sólo en el análisis de las grandes magnitudes sino más bien en el de las muy pequeñas,las partículas elementales de la física cuántica. Y yo creo que también para el estudio y comprensión de ese otro universo que es el de las relaciones humanas es imprescindible el conocimiento de lo que podríamos llamar nanotécnicas, que serían aquellas que no exigiendo un gran despliegue teórico, son imprescindibles para dar sentido a una relación profesional. Hablamos de: saber abrir y cerrar entrevistas de trabajo y conversaciones,no enjuiciar, guardar silencio en el momento oportuno, respetar, permitir la expresión de sentimientos,estar auténticamente disponible para escuchar,no sentirnos indispensables para la vida de las personas, no tomar decisiones por ellas, ser honestos y hacer lo que de decimos que vamos a hacer, no abandonar los casos cuando no van como esperábamos. Si aseguramos en nuestras intervenciones, nanotécnicas como las que he mencionado, estaremos garantizando un encuadre profesional, y también una ética y una estética en la relación profesional.
Esta aparente sencillez, entraña sin embargo, una gran complejidad porque lo que estaremos poniendo en juego no son sólo las dificultades y problemas de quien acude a nosotros, sino nuestro propio mundo interior. Preguntémonos de vez en cuando por cómo tratamos a las personas que acuden a nuestros servicios, cómo nos sentimos, qué decimos, que tal nos manejamos con la frustración ajena, y con la propia, como afecta nuestra situación personal a nuestro mundo laboral, que tipos de relaciones establecemos, que roles jugamos. Hagamos estos juegos nanotécnicos y veremos cuan importantes son para ayudarnos a comprender elespacio en el que nos movemos todos los dias: el ínterpersonal

Deprisa, deprisa

20130123-191613.jpg

Viven deprisa, a la velocidad de una vida sin infancia ni adolescencia, precoz en desengaños y abandonos, en desilusiones y pérdidas.Su espacio vital y afectivo raras veces va más allá de las calles que delimitan su barrio (El patio al sol, la esquina del trapicheo, el bar, el parque del botellón, la tienda que fía, el solar abandonado, las vías del tren al sur y el polígono comercial al este) y los colegas de siempre.
La vida corre veloz en este barrio periférico y en su loca carrera se lleva por delante ilusiones y afectos, proyectos y deseos. No hay tiempo para pensar (deprisa, deprisa),y a los 14 años puedes tener ya un pasado que, a modo de agujero negro, succione y atrape todo lo que intente salirse de su órbita. Por eso, para este año me he propuesto dar un salto cuántico (que me permita navegar por los alrededores de esos agujeros negros), y, como los relojes de Dali, ablandar el tiempo, modelarlo, pararlo, detenerlo aunque sea un momento, lo suficiente para escuchar, acompañar,iniciar proyectos, revisar,rehacer, vincular, en definitiva, recuperar el tiempo, hacerlo nuestro.Tengo la impresión de que esos niñoadultos que van a la velocidad de la luz necesitan descansos, ralentizar la nave en la que viajan, parámetros mas humanos y comprensivos, espacios para volcar la adrenalina del viaje, y personas e instituciones en las que confiar.

primeros 50 minutos con una niña que sufre

He atendido recientemente a una niña de ocho años que está sufriendo, a esa temprana edad, la tremenda situación de tener miedo de su padre, de no querer estar con él. Tan pequeña y ya tiene que recolocar en la trama de su apenas empezada vida, una de sus figuras claves, la del padre. -¿Cómo asumir en la infancia, que debe ser un territorio de seguridades  emocionales, que quien está para protegerte, acompañarte y quererte, te haga daño?-.
Respondiendo a mis preguntas y comentarios, a veces con el silencio activo de quien está escuchando con detenimiento -midiendo cada una de mis palabras, gestos y miradas-, otras con el llanto apenas contenido (lágrimas que brotaban y corrían involuntariamente por sus mejillas, nacidas del profundo nudo emocional de sufrimiento,incomprensión,soledad) y otras, con una mirada tan profunda, atenta y madura que por momentos me hizo sentir, que el adulto era ella y el niño yo. 50 minutos de entrevista, vividos segundo a segundo, con cuidado, contención, comprensión, respeto, escucha. 50 minutos para intentar generar confianza, peleando con mis propias resistencias, y finalmente, 50 minutos con un sentimiento de responsabilidad permanente de estar a la altura (profesional y personal) del sufrimiento de la niña que me está mirando.

Metacomunicación

METACOMUNICANDO
Es cierto, una de las situaciones más complejas en las que se encuentra un trabajador social es paradójicamente, la más frecuente: la de la entrevista personal o familiar. Son tantos los niveles implicados en la comunicación que uno no es consciente de todo lo que se genera en y alrededor de una entrevista . Nadie sabe qué va a suceder, por dónde irá la conversación,cómo recibirá la otra persona nuestros comentarios, qué idea de nosotros se está haciendo. Pero al mismo tiempo todo se desarrolla de una manera natural, fluida, con los mensajes verbales por un lado y los no verbales por otro, a veces coincidiendo y otras divergiendo. La entrevista puede ser uno de los actos mas creadores que hay porque antes de hablar tienes todo un universo semántico por utilizar y después de hacerlo, la obra comienza a perfilarse en sus detalles, en sus fronteras, asperezas, regularidades, posibilidades. Las aperturas y la escucha, facilitan que el otro pueda contar-se,los silencios condensan las emociones hasta hacer inútiles las palabras y las miradas atraviesan con facilidad cualquier campo magnético que se interponga, sea este conceptual, emocional o narrativo. La vida se despliega a raudales y la conversación va generando un mundo propio del que ya no puedes sustraerte.La metacomunicación es el fondo del cuadro, lo no explícito, la frontera invisible, el contexto mágico de la interacción humana….donde pinta, escribe y compone el trabajador social.